Bibliotecarios Desaparecidos: a 39 años de la última dictadura(AR)


El presente texto es la trasncripción de la intervención de la Bib. Mirta Villalba en ocasión de una actividad pública del Centro Cultural de la Cooperación en homenaje a los Bibliotecarios desaparecidos en Marzo de 2006. Consideramos oportuna su publicación, dada su vigencia como un ejercicio de la memoria, en reivindicación y recuerdo de aquellos que dieron su vida por sus principios e ideales.
En la actualidad vemos la biblioteca como un sistema cuya función es gestionar los recursos de información que requieren sus usuarios, constituyéndose como un espacio de comunicación por el que fluye la información y las colecciones hacia los interesados en ellas. Como sistema está integrado por recursos materiales, informativos, económicos y humanos. En relación con los recursos humanos hay que abordar al menos los siguientes aspectos: qué actitudes, responsabilidades profesionales, éticas o jurídicas tienen los bibliotecarios que cumplir.1
En este sentido suprimir la memoria como colectivo fue uno de los objetivos que tuvo la dictadura, la cultura, la educación, en definitiva el pensamiento critico era una amenaza para los represores, quienes no solo se contentaron con la destrucción sistemática de aquellos libros que consideraban peligrosos, sino que además había que acallar a quienes desde su profesión de bibliotecarios, luchaban por no ocultar, sino alumbrar con el conocimiento encerrado en las bibliotecas al pueblo. La consigna era “Prohibido pensar”. Los libros y los trabajadores de las bibliotecas eran “cuerpos” a desaparecer.2
Cuando se revisa el pasado, y se comienza a perfilar el horror vivido a partir de 1976, nos damos cuenta que ningún estamento de la sociedad quedó a salvo de la salvaje represión. Todo aquello que se consideraba “peligroso” para la dictadura era necesario suprimirlo, en este sentido las bibliotecas y sus trabajadores fueron considerados verdaderos enemigos del régimen imperante.
Sin temor a equivocarnos, podemos afirmar que a lo largo de la historia de las bibliotecas, éstas han sido víctimas de grandes persecuciones. A modo de ejemplo, no podemos olvidar que a través de los tiempos, los saqueos, y destrucciones, desde la Biblioteca de Alejandría, en adelante, pasando por la quema de libros en tiempo de los nazis, a las requisas en editoriales, librerías y bibliotecas durante la dictadura de 1976 en nuestro país, y llegando a nuestros días con la destrucción y saqueos que sufrieran entre otras la biblioteca Nacional de Bagdad, luego de la invasión de las tropas de Bush y la OTAN. De esta manera, se tiene la sensación que aún hoy en 2006, la palabra impresa, y el pensamiento sigue siendo peligroso para quienes se arrogan el título de gendarmes del mundo.
Pero ya no solo se persigue la letra impresa y se secuestran y queman los libros, sino que también son peligrosos quienes trabajan con ellos. Quienes con su trabajo cotidiano tratan de poner la información al servicio de la libertad y democratizar el acceso a la información, por esto muchos de nuestros compañeros pagaron con sus vidas defender la libertad de informarse. La dictadura dejo su rastro de muerte con los trabajadores de las bibliotecas, así entre 1976 y 1983, en nuestro país hubo al menos por la información recopilada hasta este momento alrededor de 25 bibliotecarios desaparecidos.
Hubo que esperar hasta Diciembre del 2005 para reivindicar a nuestros compañeros bibliotecarios desaparecidos. El 12 de diciembre quedó constituida la “Comisión de Homenaje permanente a los trabajadores de bibliotecas desaparecidos y asesinados por el terrorismo de Estado”. Además de continuar investigando lo que sucedió con cada uno de ellos, los objetivos de la Comisión son reconocer “los valores que los compañeros desaparecidos definieron en las identidades bibliotecarias desde las cuales se vincularon con la sociedad, y la forma en que sus prácticas bibliotecarias se hacen más presentes y necesarias en la actual sociedad del conocimiento”.
En el hall principal de la Biblioteca Nacional -Agüero 2502, Capital Federal, - se ha colocado una placa conmemorativa con el nombre de todos los trabajadores bibliotecarios desaparecidos y asesinados por el terrorismo de Estado. Hasta diciembre 2005, la lista de bibliotecarios desaparecidos recogida por la Comisión es la siguiente:
  • Juan Pablo Maestre. (Escobar, -07-71).
  • Rodolfo Francisco Achem. (La Plata, 08-10-1974).
  • Maurice Jeger Rymland. (Tucumán, 08-07-75. Francés).
  • Napoleón Argentino Araneda. (Mendoza 12-12-75).
  • Julio Washington Cabrera. (Buenos Aires, 18-10-76).
  • Rosa Delicia Chaher. (Buenos Aires, 18-10-76).
  • Miguel Santiago Bacasun. (Bahía Blanca, 27-06-76).
  • Eduardo Benito Francisco Corvalán. Mato (Buenos Aires, 22-07-76).
  • Elvira Estela Márquez Dreyer. (Rosario, 01-08-76).
  • Viviana Ercila Micucci Iburrustela. (San Isidro, 11-11-76).
  • Elsa Noemí Mateo. (La Plata, 12-11-76).
  • María de Jesús Peláez López. (San Martín, Bs. As. 21-12-76).
  • Rosa Angélica Murno Merediz. (Remedios de Escalada, 04-01-77).
  • Susana Raquel González. (La Plata, 10-02-77.
  • Pedro Ulderico Ponce. (Mendoza, 04-04-77).
  • Ana Inés Della Croce. (La Plata, 12-04-77).
  • Marta Susana Diez Troncoso. (Rosario, 15-05-77).
  • Mary Norma Luppi Mazzone. (Buenos Aires, 10-06-77. Uruguaya).
  • Ramón Manuel Saavedra. (Buenos Aires, Biblioteca Nacional, 14-07-77).
  • José Dalmiro Rojas. (Tucumán, 21-07-77).
  • María José Rapela King Magnone. (Morón, 30-07-77. Estaba embarazada).
  • .Ana María Tossetti Jáuregui. (Buenos Aires, 27-08-77).
  • Beatriz Arango Sánchez. (Buenos Aires, 24-11-77).
  • Ricardo René Haidar Camissi. (Buenos Aires, 18-12-82).

Remitiendonos al trabajo de Claudia Szelubsky, “La Biblioteca José Murillo”: cultura, movimientos y núcleo de resistencia. Bases para la transformación social”, se considera oportuno destacar la labor de la Biblioteca Popular, dentro de las Bibliotecas Públicas, como fermento de liberación y proyecto de concientización de la capacidad del pueblo de realizar aportes en los procesos de desarrollo de nuestra cultura y de una efectiva igualdad de oportunidades, en cuanto asegura a todos los usuarios el libre acceso a la información, y en tanto promueve la formación de un lector con sentido creativo, libre para desarrollar nuevas formas de pensamiento critico. En este sentido, la Biblioteca del Centro Cultural de la Cooperación responde a los principios institucionales de nuestro Centro Cultural.


1 En: Manual de biblioteconomia / Ed. Luisa Orera Orera. Pág. 77
2 La noche la dictadura: memoria fotográfica inédita a 30 años del terror / F.Pigna, M.Seoane. Bs.As., Caras y Caretas, marzo 2006. pag. 27
fonte: [por cá]